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Versión virtual. Año XXII. N° 335

Roma, 21 de septiembre de 2017

Fiesta de San Mateo Apóstol y Evangelista

Celebración de la Exaltación de la Santa Cruz

El 14 de septiembre, día de la Exaltación de la Santa Cruz, hemos festejado solemnemente en las distintas misiones de nuestro Instituto nuestra Fiesta principal, la Cruz de Matará. 

Con ocasión de esta importante celebración, seis Servidoras realizaron sus votos perpetuos: en Italia, en la Santa Misa en el Santuario de la Virgen Dolorosa en Castelpetroso, atendido por las Servidoras, la Hermana Maria Santissima Incoronata Parrilli, oriunda de Italia, pronunció sus votos perpetuos. En la ceremonia estuvieron presentes numerosos familiares y amigos de la neo-profesa, así como un nutrido grupo de religiosos que acompañaron a la hermana en este importante momento. 

 

Santuario de la Virgen Dolorosa en Castelpetroso, Italia Santuario de la Virgen Dolorosa en Castelpetroso, Italia

Santuario de la Virgen Dolorosa en Castelpetroso, Italia

En Estados Unidos, en la Basílica de la Inmaculada Concepción, en Washington, las hermanas Maria Hagia Sophia Clemens, María Tonatzin Cervantes y María Madre de las Américas Flores profesaron sus votos perpetuos en la ceremonia presidida por el Cardenal Theodore McCarrick, mientras que las hermanas María Virgen de San Juan de los Lagos Vargas y María Doule Kyriou Hernández los profesaron el 18 de septiembre en el Santuario “Our Lady of Peace”, en California, en una hermosa ceremonia presidida por el Padre Alberto Barattero, Superior Provincial del Instituto del Verbo Encarnado en esta Jurisdicción.

Basílica de la Inmaculada Concepción en Washington, USA

Basílica de la Inmaculada Concepción en Washington, USA

Votos perpetuos  de las hermanas Maria Hagia Sophia Clemens, María Tonatzin Cervantes y María Madre de las Américas Flores

Votos perpetuos  de las hermanas Maria Hagia Sophia Clemens, María Tonatzin Cervantes y María Madre de las Américas Flores

Santuario “Our Lady of Peace” en California, USA

Santuario “Our Lady of Peace” en California, USA

En Arequipa (Perú), en esta importante ocasión, la hermana María Consolatrix Cordis Iesu Pauccar Pacheco realizó su primera profesión religiosa en la Capilla del Seminario Mayor del IVE “Beato Agustín Pro”. La Santa Misa fue presidida por el Padre Esteban Cantisani, Superior Provincial del Instituto del Verbo Encarnado en Perú.

 

Hermana María Consolatrix Cordis Iesu Pauccar Pacheco junto con sus padres y hermanos Hermana María Consolatrix Cordis Iesu Pauccar Pacheco junto con sus padres y hermanos

Hermana María Consolatrix Cordis Iesu Pauccar Pacheco junto con sus padres y hermanos

En Extremo Oriente ocho novicias Servidoras cambiaron su nombre, entre ellas las dos primeras vocaciones de Papúa (Maria Mama Bilong Divine Marimari y Maria Kwin Bilong Paradise). En la misma ceremonia recibieron el Santo Hábito, como signo de su consagración a Jesucristo. Ellas son:

- Maria Sukacita Martir (Mary Joy of the Martyrs)

- Maria Mama bilong Divine Marimari (Maria Mother of Divine Mercy)

- Maria Kwin Bilong Paradise (Mary Queen of Paradise)

- Maria Ina ng Liwanag (Mary Mother of Light)

- Maria Birhen sa Paanan ng Krus (Mary Virgin At the Foot of the Cross)

- Maria Alipin ng Panginoong Ipinako sa Krus (Mary Servant of the Crucified Lord)

- Yǒn Glè Maria (Mary of Eternal Joy)

- Zhōng Yuán Mǔ Hòu Maria (Mary, Oueen of China)

Toma de Hábito, Filipinas

Toma de Hábito, Filipinas

Asimismo, como primer signo de pertenencia al Instituto, nuevas vocaciones han recibido la Cruz de Matará: cuatro en Italia, dieciséis en Argentina, dos en Extremo Oriente y dos en Holanda.

 

Italia

Italia

Argentina

Argentina

Filipinas

Filipinas

La Haya

Holanda

 

Homilía del R.P. Gustavo Nieto, con ocasión de los votos perpetuos de una Servidora en Italia

A continuación publicamos la homilía predicada por el P. Gustavo Nieto, IVE, en la ceremonia de votos perpetuos de la Hermana Maria Santissima Incoronata Parilli, el 14 de septiembre, en el Santuario de la Virgen Dolorosa en Castelpetroso, Italia.

Queridas Madres y hermanas, queridos hermanos míos sacerdotes y queridos hermanos y hermanas:       

Es para mí una gran alegría celebrar esta Santa Misa aquí, hoy, en este hermosísimo Santuario de la Virgen Dolorosa, en el día en el que recordamos el magnífico misterio en el cual “Cristo se ha unido para siempre con cada hombre”[1], y en el día en el que la Hermana Maria Santissima Incoronata como tantas otras “Servidoras” en todo el mundo, se desposarán perennemente con el Rey del Cielo.

Si cada Misa es un acto de agradecimiento a Nuestro Señor que nos ha redimido, el motivo de la celebración de esta Santa Misa es doblemente especial, porque nosotros no agradecemos al Verbo Encarnado solo por haber rescatado nuestras almas a un precio tan alto, sino también porque entre las muchas almas que Él podría haber elegido, eligió la de esta religiosa, poniendo en su corazón el deseo de ofrecerse completamente a Él.

Hoy la Hermana Maria Santissima Incoronata se consagrará totalmente y sin reservas a su Divino Esposo. Así, la sentirán manifestar públicamente su propio deseo y consentimiento mientras leerá la fórmula de profesión. Y también verán distintas manifestaciones externas de su total ofrenda a Dios, como el postrarse delante del altar; o cuando como signo de su unión esponsal con Jesucristo, ella recibirá las insignias de la profesión perpetua, como el anillo nupcial. Finalmente, para dar a este acto la seriedad y la solemnidad que merece, firmará su “acta de matrimonio” sobre el Altar, después de haber invocado a la entera Corte Celestial como sus testigos.

Todo esto que estamos a punto de ver delante nuestro, debería llevarnos a recordar el compromiso que también nosotros hemos asumido un día con nuestra propia profesión; o debería ayudarnos a prepararnos a ella (pienso en los novicios, las novicias, los postulantes y las postulantes y en los seminaristas y hermanas de votos temporales).

La profesión perpetua a la vida religiosa es algo único… pero es más que esto. Es algo hermosamente misterioso. Es un verdadero, singular y único acto de amor… que tiene como único objetivo hacernos pertenecer para siempre a Cristo, vivir en intimidad con Él, responder del modo más generoso posible a Su llamado divino de imitarlo a Él que eligió vivir casto, pobre, obediente e hijo de María.

Nuestra fórmula de profesión religiosa muy específicamente y muy distintivamente dice que nosotros “hacemos oblación de todo nuestro ser a Dios”[2]“para seguir más íntimamente al Verbo Encarnado”[3], lo cual significa asumir su estado de vida, al punto que nuestra “vida se vuelva una memoria viviente del modo de existir y de actuar de Jesús, el Verbo hecho Carne (Cf. Jn 1, 14) ante el Padre y ante los hombres”[4]. Esto necesariamente hace dirigir nuestras mentes y nuestros corazones a la Cruz, considerada no solo como una imagen sacra de devoción, sino también como un instrumento de amor y como un modo de vida.

Santa Edith Stein escribió: “Es un bien honrar al Crucificado en las imágenes, promoviendo su devoción. Pero mejor que cualquier otra imagen hecha de madera o de piedra son las imágenes vivientes[5].La Cruz de Matará que las Hermanas llevan sobre el pecho, la cruz que se ponen cada mañana, debe recordarles siempre el gran objetivo de sus vidas: conformar sus almas con la imagen de Cristo; plantar la cruz en sus corazones.

Santo Tomás de Aquino, hablando de los religiosos, se refiere a ellos como  “quienes se ofrecen a sí mismos enteramente al servicio divino, como ofrenda de holocausto a Dios”[6]. Así es precisamente como nosotros, siguiendo la doctrina del Doctor Angélico y la tradición de la Iglesia, comprendemos nuestra profesión religiosa: como un holocausto de nosotros mismos. Deberíamos tener siempre presente esta realidad. No solo cada 14 de septiembre, no solo el día de nuestra profesión perpetua, sino siempre. Nuestras Constituciones dicen: “la profesión religiosa constituye un verdadero holocausto de sí mismo, ya que en virtud de los votos se entrega a Dios todo lo propio, sin reservarse nada”[7]. Ésta es nuestra vocación.

Sí, mis queridos hermanos: todos nosotros debemos darnos cuenta que hay un misterio escondido y velado detrás de todos estos signos. Cada vocación a la vida religiosa es un misterio.

Nuestra vocación es un misterio... Desde el momento en el cual entramos en la vida religiosa, nuestra vida es y será siempre un misterio... y también los compromisos que asumimos delante de Dios y de nuestros hermanos serán siempre un misterio: la castidad por el Reino de los Cielos (Mt 19, 12); la pobreza, vende todo lo que tienes y tendrás un tesoro en el paraíso (Mc 10, 21); y la obediencia, que es mejor que los sacrificios (1 Re 25, 22). El mundo y las personas mundanas no entenderán jamás la obra maravillosa de la divina gracia de Dios en el corazón de cada hombre y mujer consagrados.

Éste es el motivo por el cual San Juan de Ávila, Doctor de la Iglesia, escribió en una carta a una joven que había decidido consagrarse a Dios: “Agradezca con todo el corazón a Cristo por la luz para distinguir entre lo inestimable y lo sin valor, entre las realidades eternas y las cosas temporales, entre Dios y el hombre mortal. Sea agradecida con Él por la gracia de poder hacer una elección bendita y por la determinación de entregarse a Dios y rechazar un marido terreno, y por la gracia de rechazar un matrimonio humano, de todos modos ventajoso, por amor de una unión Divina”. Y concluye con la siguiente exhortación: “Sea fiel a Él, lo ha elegido por Esposo; y Usted verá por qué Él es llamado el Esposo puro de las vírgenes, y encontrará en Él su gozo”[8].

En efecto, éste es un solemne acto de amor, el amor de Dios por ella y el de ella por Dios, amor eterno, amor increíble: es una inefable gracia de nuestro Misericordioso Salvador.

Trataremos de entender un poco este misterio considerando tres aspectos:

1. Dios nos pide algo, nuestra vida, nuestra vida entera. Dios pide… Dios llama… no importa la condición y las situaciones diversas de las personas que son llamadas. Él llama… Y “su llamada es una declaración de amor”[9]. San Juan Pablo II decía que “las vocaciones nacen de la iniciativa divina”[10]. Por lo tanto vuestra respuesta, nuestra respuesta, debería ser la de una “entrega, amistad, amor, manifestado en la donación de la propia vida, como seguimiento definitivo y como participación permanente en la misión de Cristo”[11]. No olvidemos esto.

Aquí, delante de esta bellísima imagen de Nuestra Señora de los Dolores, ¿cómo podemos no ver la analogía tan fuerte entre cada vocación a la vida religiosa y la vocación de la Bienaventurada Virgen María? ¡Mirémosla! Ella es “en efecto, ejemplo sublime de perfecta consagración, por su pertenencia y entrega total a Dios”[12].

Dios quiere reproducir a Cristo. Sí, Hermana Maria Santissima Incoronata: Dios tiene necesidad de vos para prolongar a Cristo en el mundo. Se puede dirigir a Dios la misma pregunta que hizo Nuestra Señora en el momento de la Anunciación: “¿Cómo puede ser esto? ¿Por qué Dios querría mi pobre humanidad -un vaso de arcilla para contener este tesoro (2 Co 4, 7)?” Es un misterio, aunque la respuesta es obvia: Porque si el recipiente que contiene el Regalo Divino fuese de oro o de joyas, se podría pensar que de él depende la riqueza del vino. Admitiendo la indignidad del recipiente se demuestra en cambio que tal poder trascendente no viene de nosotros, sino que es sólo don de Dios (2 Co 4, 7) ¿Acaso se jacta el hacha frente al que corta con ella? ¿o se tiene por más grande la sierra que el que la blande? ¡como si el bastón alzara a quien no está hecho de leño! (Is 10, 15).

Lo que confiere a la religiosa poder no es su dignidad, sino el hecho de que ella se convierte en un instrumento de Cristo. Dios trabajará a través de su naturaleza humana, aunque sea pobrísima. Dios no eligió a los ángeles como sus ministros, no eligió a ninguno, aunque eran mejores que el resto de los hombres.

La Virgen dio a Dios una naturaleza humana. Como una nueva encarnación, la religiosa da a Cristo su naturaleza humana y todo lo que ella tiene, diciendo: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu Palabra” (Lc 1, 38). En virtud de su consagración, los religiosos ejercitan el oficio más excelente y necesario: se transforman en instrumentos vivos de Cristo, el Esposo eterno. Cada religiosa, a su modo, representa a la persona del mismo Cristo.

2. Dios pide a cada religiosa que le consagre su vida a Él. Y aquí entran en juego los tres votos. Los tres votos religiosos de pobreza, castidad y obediencia significan la consagración a Dios y la consagración para siempre. Nosotros profesamos los votos religiosos porque queremos verdaderamente responder con generosidad a su llamada... no teniendo nada para nosotros mismos, viviendo solo en su amor y por su amor. La consagración debe ser total. Por eso,

- profesamos la pobreza, de modo que ninguna criatura humana o mundana puede impedirnos volar hacia Dios.

- y profesamos la castidad, de modo que ningún amor humano nos puede impedir amar exclusivamente a nuestro Señor. Tenemos que estar dispuestos a dar inclusive nuestras vidas por permanecer fieles a este amor exclusivo de Dios. Estar dispuestos a ir a misiones muy lejanas por amor a Él, sin ninguna atadura humana que nos pueda impedir amar exclusivamente a nuestro Señor.

- y profesamos la obediencia, el más precioso de todos los votos religiosos, con el cual ofrecemos a Dios aquello que tiene más valor para nosotros, y esto es nuestra misma voluntad, nuestra libertad.

Aquí vemos otra vez cómo la vida religiosa es un verdadero holocausto. Como dice justamente el P. Buela: “aquellos que no se reservan nada para sí mismos, ofrecen un holocausto que es el más grande sacrificio”, porque es un sacrificio total, completo, sin reservas (Ars Participandi). Y es por esto que es tan significativo que vos hagas tus votos perpetuos hoy, en el día en que la liturgia exalta a la Santa Cruz, donde el Verbo Encarnado se ofreció al Padre para la redención de todos.

Entonces sí, podemos decir que hoy tú estás por morir al mundo, pero podemos también exclamar con San Juan de Ávila: “¡Qué dulce es Dios para aquellos que abandonan las cosas creadas y fijan su mirada en su Creador! ¡Cuán tiernamente el Esposo Divino prefiere a aquellos que abandonan todos los gozos terrenos! ¡Alégrate, entonces, esposa de Cristo! Porque tu Esposo es inmortal, y en tu muerte tus obras buenas, que son tu progenie, te abrazarán”[13].

3. Dicho esto, el tercer aspecto es casi una consecuencia de los dos precedentes. Dios pide a ella y a cada uno de nosotros, religiosos, de consumar totalmente nuestra vida en su amor. De modo que se pueda decir también de nosotros lo que se dice de Nuestro Señor: se despojó a sí mismo... se rebajó a sí mismo[14], como hemos escuchado en la segunda lectura de hoy.

¿Han visto la analogía entre el sacrificio de Cristo sobre la Cruz y la profesión de los votos religiosos?

Tenemos que ser conscientes que en el momento en el que profesamos los votos, estamos abrazando para toda la vida el más oscuro pero el más seguro camino de la Cruz. Es por esto que nuestras Constituciones afirman que la consagración religiosa se asemeja también al martirio. Porque un religioso posee -o debería poseer- la misma voluntad de un mártir... el mismo amor de un mártir... pronto a renunciar a la propia vida por la persona que amamos. Porque ambos – el religioso y un mártir - “aceptan su muerte a este mundo para unirse plenamente a Cristo y formar parte de su reino”[15].

Por lo tanto, cuando las cruces cotidianas y aquellas profundas y duraderas tocan nuestra vida, no tenemos que bajar de la cruz, no tenemos que retroceder, sino que con coraje tenemos que tomar nuestra cruz y seguir al Señor. Finalmente, esto es lo que la Fiesta de la Exaltación de la Cruz significa: una invitación a abrazar con coraje nuestra cruz y levantarla en alto, porque en ella está nuestro triunfo y nuestra salvación. ¡No olvidemos esto!

En ambos casos, el Sacrificio de Cristo en la Cruz y el Sacrificio de una hermana religiosa que se da totalmente a Cristo con los votos religiosos, hay fuego y hay amor. Hay fuego para el holocausto, para destruir la víctima, y amor para hacerla la persona más feliz del mundo. Aquí hay restitución y redención para las almas encomendadas a su trabajo y a sus oraciones.

Hoy, entonces, mientras agradecemos al Señor por la Hermana Maria Santissima Incoronata, esta nueva esposa de Cristo, y por las otras Servidoras que hoy se consagran a Cristo en todo el mundo, pedimos a través de la intercesión de nuestra Santísima Madre, la gracia de crecer en la fidelidad amorosa a Cristo Crucificado.

Recemos para que cada una de las hermanas Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará sean profundamente entusiastas de la Cruz de Cristo, locura para el mundo de hoy, pero la sabiduría más profunda para aquellos que buscan la unión con Dios.

Encomiendo las iniciativas de vuestro Instituto a Nuestra Bendita Madre, cuyo Corazón vemos aquí traspasado por siete espadas, e imploro para cada una de ustedes la gracia del compromiso y de la alegría de ser testigos creíbles de la Cruz de Cristo. Esto pido en esta Santa Misa.

 


[1]S. Juan Pablo II, Redemptor hominis, 13.

[2]Constituciones, 257.

[3]Constituciones, 257.

[4]Constituciones, 257.

[5]La Ciencia de la Cruz, III. Fragmentos.

[6]Summa Theologiae II-II, q. 186, art. 1 & 7.

[7]Constituciones, 51.

[8]Carta III, A una joven acerca de consagrarse a sí misma mediante votos a Nuestro Señor. 

[9]S. Juan Pablo II, Valencia, España, 8 de noviembre de 1982.

[10]Encuentro con los religiosos y miembros de los Institutos seculares masculino, 2 de noviembre de 1982.

[11]S. Juan Pablo II, Valencia, España, 8 de noviembre de 1982.

[12]S. Juan Pablo II,Vita Consecrata, 28.

[13]Carta III, A una joven acerca de consagrarse a sí misma mediante votos a Nuestro Señor.

[14]Cf. Flp 2, 7-8.

[15]Constituciones, 50. 

La Colina de los Mártires: un monumento en honor a los mártires del siglo XX

La M. María de las Lágrimas Farina, misionera en Ucrania, nos cuenta acerca de una importante iniciativa emprendida para honrar a los mártires ucranianos con la prospectiva de la colina de la visión que los Pastorcitos Lucía, Francisco y Jacinta tuvieron en Fátima, en donde los mártires del siglo XX tienen un papel preponderante.

 “Es un testimonio que no hay que olvidar”[1]

La idea de hacer un memorial para los mártires ucranianos del siglo XX se fue madurando desde el año 2001, cuando nuestro Fundador visitó Ucrania y, entre otras cosas, participó en la solemne beatificación de 27 mártires celebrada por San Juan Pablo II el 27 de junio en Lviv. “Se debería hacer una Colina de las Cruces en Ivano Frankivsk, que se podría llamar Colina de los Mártires, en recuerdo de todos los mártires, declarados o no de Ucrania”.

A partir de esta idea de nuestro Fundador, entonces Superior General del Instituto del Verbo Encarnado, y de nuestra experiencia de vida y de misión en Ucrania, con el pasar de los años fuimos entendiendo más la gracia de la historia martirial de esta Iglesia, y así se fue pensando un proyecto que se va delineando de a poco con el seguimiento de los superiores de nuestros Institutos en Ucrania.

El fin principal del proyecto
 
El proyecto “La Colina de los Mártires” está orientado a levantar en Ucrania un gran monumento a los numerosos mártires y confesores de la fe del siglo XX: aquellos que han sido proclamados por la Iglesia y aquellos que han permanecido desconocidos. San Juan Pablo II se refirió a ellos en la carta apostólica Tertio Millenio Adveniente: «En nuestro siglo han vuelto los mártires, con frecuencia desconocidos, casi milites ignoti de la gran causa de Dios. En la medida de lo posible no debe perderse en la Iglesia su testimonio... es preciso que las Iglesias locales hagan todo lo posible por no perder el recuerdo de quienes han sufrido el martirio...»[2].
 
Según la expresión del Santo Papa, si quedasen en el olvido los testimonios de los mártires, se pondría en riesgo la efectividad de la Evangelización de nuestros tiempos: «Igual que el cristianismo había florecido en el primer milenio sobre la fértil tierra regada por la sangre de los mártires de los primeros siglos, la evangelización del tercer milenio tendría ya en los innumerables mártires del siglo XX la fuente más formidable de su energía espiritual».
 
El fin principal del proyecto es inmortalizar de forma artística la memoria de aquellos que supieron mantenerse fieles a Dios hasta el último aliento ante la amenaza de muerte. Al mismo tiempo este testimonio de las vidas de los mártires del siglo XX, que se realzará visiblemente ante los ojos de los nuevos miembros de la Iglesia, alentará al hombre moderno a afianzarse en la fe y lo moverá a una renovada conversión y arrepentimiento. En fin, nuestro motivo es la mayor gloria de Dios, por la glorificación de los mártires ucranianos y por el bien de muchas almas. 
 
La visión de Fátima, idea base del proyecto
 
La idea se fue desarrollando también a la luz del centenario de las apariciones de la Virgen María en Fátima, que se acercaba. Este año, de hecho, se cumplieron cien años de la aparición del 13 de julio de 1917, en la cual los Pastorcitos vieron la “Colina de los Mártires”. De modo que se planea un monumento, cuya idea base es precisamente esta visión de Fátima, la que constituye el llamado “tercer secreto”, y que fue dado a conocer por Juan Pablo II en el año 2000, con ocasión del Gran Jubileo y de la Beatificación de los pastorcitos Jacinta y Francisco. 
 
Se piensa plantar arriba de una colina, una Cruz gigantesca, parecida a la que vieron los Pastorcitos el 13 de julio de 1917, con ángeles debajo de la Cruz que recogían la sangre de Jesucristo... ¡y la de los mártires!, porque no se trata de sangres distintas, sino de una misma sangre, la sangre de Cristo, tanto la derramada por la Cabeza como la derramada por los miembros del único y mismo Cuerpo Místico de Cristo. Insistiendo en la argumentación sobre el tema de base: La visión abarca a todos los mártires del siglo XX, incluidos a los mártires ucranianos, y también a todos aquellos que estuvieron cerca del martirio por causa de la fe – los “confesores de la fe”-, pues, de hecho, en la visión no todos los que suben a la colina están muertos. 
Este monumento será para peregrinación de la gente que desee rezar a los mártires de su propia tierra. Con ocasión de la peregrinación podrían dejar en la Colina una cruz en su memoria, hecha por sus familiares o conocidos, ya que sus vidas podrían ser ejemplos para imitar. Se trata de que cada mártir tenga un recuerdo especial allí, en una cruz para cada uno, colocada por sus familiares o por nosotros, en su recuerdo.
 

Consagración de la Cruz en la “Colina de los Mártires”

La idea se pudo comenzar a concretar cuando conversamos sobre este proyecto con nuestro amigo, el General Vasyl Iaremchuk, “hutsul”, oriundo de los Montes Cárpatos, un hombre que en su juventud ocupó cargos de gobierno, y por su capacidad de administración ha promovido obras que han dado fuentes de trabajo y progreso en su pueblo natal. Es un hombre de gran influencia, muy respetable y de gran autoridad.

Necesitábamos conseguir una colina, donde se pudiera colocar un monumento, con espacio para las cruces que recuerden los numerosos mártires y que sea lo suficientemente accesible para la peregrinación y la oración. Él se tomó su tiempo, incluso algunos años para estudiar el tema, visitó posibles lugares, consultó a sus contactos. Finalmente se convenció que el lugar más apropiado sería la cresta del Gorgan, a unos 100 m. de la capillita de la Cruz de Matará que él mismo hizo construir en el año 2010 en el corazón de los Cárpatos, en la zona de Mykulychyn, donde realizamos periódicamente convivencias y campamentos. Comenzó las tratativas con las autoridades locales, la vecindad, la Jerarquía de la Iglesia local. Obtuvo todas las autorizaciones. Ha formado una comisión de trabajo para la realización de este proyecto. Ya están trabajado los artistas en el diseño del monumento.

Todo un año llevó la preparación del inicio del proyecto, recuerdo que el 13 de julio de 2016 acompañadas por el señor Iaremchuk recorrimos en cuatriciclo la cresta del Gorgan y según su parecer quedó elegida la cima donde se colocaría la gran cruz. Enterramos una medalla de la Virgen y rezamos encomendándonos a la Divina Providencia. A partir de allí comenzaron los trabajos en el lugar. El pasado 21 de junio de 2017, estando de campamento con un grupo de adolescentes, fuimos partícipes de la elevación de la cruz de metal, de 10 mts. de altura. Ese día la cruz había recorrido 100 km. por la provincia de Ivano Frankivsk hasta su destino. Para subirla tuvieron que hacer muchas maniobras. Verlo era impresionante. Era la hora de la puesta del sol, entre ruidos de camiones, y topadoras, voces de hombres que a gritos dirigían los movimientos a un lado y a otro. En la penumbra del anochecer se veía emerger lentamente la cruz, como que brotaba y crecía desde el seno de la tierra, como una semilla que estaba oculta y ahora surgía un árbol. Y yo pensaba, ¡es fruto de la sangre de los mártires! Creo que nadie podría plantar una cruz simplemente porque sí. Para plantar una cruz hay que tener fe, la fuerza y el estímulo para poner una cruz es fruto de la fe en Cristo. 

Elevación de la cruz de metal, de 10 metros de altura

Elevación de la cruz de metal, de 10 metros de altura

El 13 de julio de 2017, en el día del centenario de la revelación del secreto de Fátima, por regalo de la Divina Providencia pudimos ser partícipes de una jornada que se hizo sentir histórica. Un día memorable para también para nuestra Familia religiosa, cuyos miembros de ambos Institutos participábamos. Salimos caminando desde la aldea de Mykulychyn entonando cantos, al entrar en la parte del bosque comenzamos el rezo del vía crucis, el camino va en subida, los últimos metros son muy empinados, finalmente terminamos al pie de la cruz. El lugar estaba hermosamente preparado para esta solemnidad. Sobre los brazos de la cruz colgaba una corona de flores y ramas de pinos entretejida por las mujeres del lugar. En la piedra que cubre el pie de la cruz hay cuatro citas sobre los mártires (de San Juan Pablo II, del cardenal Ratzinjer, del patriarca Sviatoslav y del Padre Buela) y con reliquias de tierra de Fátima, de Tierra Santa, y de los lugares donde fueron martirizados en Stradch, Lviv, Mykola Konrad y Volodymyr Pryyma. En una ladera de la colina se hizo una construcción en madera donde se expuso el ícono pintado por la hermana servidora María Iednosti sobre la visión a modo de tríptico: a un lado la Virgen de Fátima y al otro lado el ángel con la espada de fuego y la triple expresión penitencia, penitencia, penitencia. Se expusieron las reliquias de San Juan Pablo II, Santa Jacinta Marto y San Francisco Marto.

Icono de la Colina de los mártires pintado por la hermana María Iednosti

Icono de la Colina de los mártires pintado por la hermana María Iednosti

El Obispo Monseñor Vasyl Ivasiuk vino acompañado de sacerdotes y seminaristas. La celebración fue el rezo del Moleben en honor de los mártires. Monseñor predicó con mucha fuerza sobre el sentido del martirio, el don de la vida por el Evangelio, bendijo la cruz y el terreno alrededor.

Monseñor Vasyl Ivasiuk con los peregrinos

Monseñor Vasyl Ivasiuk con los peregrinos

La Madre María Hoshivska, Provincial de las Servidoras, y la hermana María Zarvanytska explicaron los detalles de este proyecto, dando a entender de un modo muy claro la magnitud del mismo. Hubo testimonios del tiempo de persecución. Monseñor acentuó la importancia del culto a los mártires para la transmisión de la fe a las nuevas generaciones. Agradeció el trabajo en común de nuestra Familia Religiosa con la gente del lugar. Se reconoció la generosidad de Vasyl Iaremchuk y se rezó un responso por el eterno descanso de su hijo Vitaliy, fallecido dos días antes de este acontecimiento, lo cual se hizo sentir el sabor a la cruz en toda su magnitud. Un coro entonó cantos en honor de los mártires.

La Colina de los Mártires

“La Colina de los Mártires”

Conclusión

Es nuestro deseo no escatimar esfuerzos en transmitir a las nuevas generaciones los testimonios de vida heroicos que nos precedieron en nuestra misión y queremos responder al llamado que la Iglesia nos hace, a través de aquellos que nos han engendrado espiritualmente para esta misión.

Que María, “Reinadelosmártires”,nos haga comprender cada vez mejor la grandeza del sacrificio de los mismos.

 

M. María de las Lágrimas Farina

 
 

[1]San Juan Pablo ІІ, Carta apostólica Tertio Millennio Adveniente, 37.

[2]San Juan Pablo ІІ, Carta apostólica Tertio Millennio Adveniente, 37.