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Versión virtual. Año XXII. N° 337

Roma, 30 de noviembre de 2017

Fiesta de San Andrés Apóstol

Profesiones Perpetuas y Primeros Votos de las Servidoras

“La consagración es una acción divina. Dios llama a una persona y la separa para dedicársela a sí mismo de modo particular. Al mismo tiempo da la gracia de responder, de tal manera que la consagración se exprese, por parte del hombre, en una entrega de sí profunda y libre”[1]. Por gracia de Dios, otras dos Servidoras se sumaron al número de profesas perpetuas de nuestro Instituto.

En Le Cannet, la hermana Marie Notre Dame de Rouen Legere, realizó sus votos perpetuos el 1° de Noviembre “Solemnidad de todos los santos”, para esta ocasión viajaron desde Roma la Madre María Corredentora Rodríguez (Superiora General del Instituto) y la Madre Maria Sponsa Amabilis Araujo (Consejera General).

El 5 de noviembre en la parroquia “San José”, en la ciudad de Dushanbé, en Tayikistán, hizo su profesión perpetua la hermana Mariam Mujabbati Iso Martyniuk.

 

Además, en distintas Jurisdicciones, dieciocho novicias profesaron por primera vez sus votos, convirtiéndose así en nuevas Esposas del Cordero:

En la Solemnidad de todos los santos, en Estados Unidos, hicieron los votos las hermanas:

 

Mary Way of Salvation Leder
Mary Singular Vessel of Devotion De Pauw
Maria Nova Sion Gómez
Mary Help of Christians Collins
Mary Mother of Divine Grace Maiers
Maria Virgen a Masiasihen
Marie du Sacré-Coeur Lauren
Mary of the Beatitudes Dubbert
María Reina de las Vocaciones Guzmán
María Mujer Revestida de Sol Aravena
Mary Model of Virtue Noonan
Mary of the Kenosis Murphy
María Virgen Prometida Luna
Mary Virgin of Galilee Meza

 

 

El 4 de noviembre, en la Real Colegiata Basílica de “San Isidoro” en España, profesaron las hermanas:

 

María Madre del Amor Hermoso Sánchez de Ocaña de Dorado
Maria Amoris Victima López de Amescua
Maria Sponsa Dilecta Villalobos Sánchez

 

 

El 12 de noviembre, en San Rafael, Argentina, hizo los primeros votos la hermana María Gloria de Jerusalén Ianantuoni.

 


[1]CONGREGACIÓN PARA LOS RELIGIOSOS E INSTITUTOS SECULARES, Elementos esenciales de la doctrina de la Iglesia sobre la vida religiosa dirigidos a los Institutos dedicados a obras apostólicas, 5.

 

Nuevas Marías para las Servidoras

Antes de recibir el hábito religioso, el 21 de noviembre, memoria de la presentación de la Virgen María en el Templo, ocho novicias de nuestro Instituto del noviciado Internacional en Italia cambiaron su nombre:

Noviciado “Nuestra Señora de Loreto”

 

Carmen Pardinas Maria Fons Signatus
Nuria Gilbert María Morada de Jesús
Miriam Zubaiova Miriam Shir Ruah Adonai (María Cántico del Espíritu del Señor)
Ana Corti María Arte del Padre
Susana Mateo María Virgen Humilde
Laetitia Buillon Marie Temple de la Sainte Trinité
Carolina Conti Maria Gioia del Crocifisso
Elena Junca Ibarra Elena Junca Ibarra

 

 

El mismo día, en Estados Unidos, diecisiete novicias recibieron sus nuevos nombres:

Noviciado “Santa Kateri Tekakwita”

 

Ana Cecilia Cota-Torres Maria Triclinium totius Trinitatis (María, donde la Trinidad encuentra su descanso)
Anna Perumal Mary Daughter of Anne (María Hija de Ana)
Carolaen Vargas María Virgen de Chapi
Elizabeth Ann Dutcher Maria Semper Virgo
Erin Bechtal Mary Living Tabernacle (María Tabernáculo Viviente)
Rachel Sheerer Mary Queen of the Rosary (María Reina del Rosario)
Stephanie Clemens Mary New Eve (María Nueva Eva)
Christine Marie Oberst Mary Mother of the Redeemer (María Madre del Redentor)
Devon Kathol Mary of the Resurrection (María de la Resurrección)
Hannah Konkolics Mary of Humility (María de la Humildad)
Kelly Serrano Mary at the foot of the Cross (María al Pie de la Cruz)
Tess Magin Mary Cause of our Joy (María Causa de Nuestra Alegría)
Michelle Haggard Mary Mother of Merciful Love (María Madre del Amor Misericordioso)
Anh Thu Vu Maria Tin Thai (Mary of Trust in Vietnamese, significa María de la confianza)
Karla Hau María Virgen de Izamal
Joceline Garcia María Virgen de la Gracia
Noemi Sandoval María Virgen Soberana

 

 

El domingo 26, Solemnidad de Cristo Rey, nuestras novicias ucranianas cambiaron su nombre y recibieron el Santo hábito:

Noviciado “Beata Josafata Hordashevska”

 

Ksenia Shalamai María Dorothea (María Don de Dios)
Tetiana Hanchák María Blazhenna (María Bienaventurada)
Lesia Tereshkún María Prósfora Chysta (María Hostia Pura)
Halyna Nakonechna María Dochka Otsiá (María Hija del Padre)
Julia Janchyn María Presviatoji Troitsi (María de la Santísima Trinidad)
Helga Ivantsova María Dveri Svitanku (María Puerta de la Aurora)

 

 

El mismo día, en Ecuador trece novicias recibieron sus nuevos nombres:

Noviciado “Reina del Cisne”

 

Soledad Alomalisa María Alma Pura
Gema Álvarez María Madre de Cristo en la Cruz
Digna Andrade Maria Arca Salvationis
Milena Rojas María Reina del Cisne
Fabiola Orozco María Madre de los Pobres
Maricela Cesareo Maria Porta Misericordiae
Julieth Noreña María Alegría de Dios
Aura Iquique María de la Redención
Valeria Mite María Madre de las Almas
Angie Vinces Maria Mater Domini
Sara Jiménez María Madre Clemente
Adriana Soto María Refugio de los Pecadores
Ariadne Marín Maria Vergine della Speranza

 

 

Por todas ellas damos gracias a Dios, pues bendice a nuestra Familia con nuevas consagradas que quieren con sus vidas ser testigos de la trascendencia. Las encomendamos a sus oraciones para que perseveren firmes en sus propósitos y den gloria a Dios con su consagración.

La vida contemplativa en nuestro Instituto

El pasado 21 de noviembre se celebró en la Iglesia la Jornada de oración por los religiosos de vida contemplativa. Al celebrar la memoria de la presentación de la Virgen María al Templo, entregándose por completo al Señor, recordamos el valor inmenso que la entrega de nuestras hermanas tiene en sí, ya que en la vida de clausura “nuestras monjas consagrarán sus vidas a contemplar y a vivir el misterio del Verbo Encarnado en la máxima expresión de su anonadamiento que es la cruz y que las llevará a entregarlo todo y a entregarse totalmente, demostrando así que no hay mayor amor que el que da la vida por sus hermanos”. En agradecimiento a Dios por el don de la vida contemplativa en nuestro Instituto y en la Iglesia, publicamos a continuación un escrito de una Servidora que narra la experiencia de la entrega sin reservas a Dios.

 

¿Me amas más?


Hace unos años, estando en cierta misión, tuve la gracia de -por primera y última vez- presenciar un acto tan sencillo como impactante en la pequeña capilla de un Carmelo, que fue el ingreso de una joven postulante a la clausura.

Quien ha estado presente en la entrada de una joven al Carmelo, estará de acuerdo conmigo en que en ese sencillo acto de dar dos golpes a la puerta y besar el crucifijo de rodillas para luego desaparecer de la vista de los allí presentes tras el cierre lento pero seguro de la puerta que lleva la inscripción de “clausura”, es motivo de profundas reflexiones existenciales. Así se me plantearon a mí algunos interrogantes: ¿qué hago yo en este mundo? ¿cómo vivo mi vida religiosa? ¿realmente doy gloria a Dios con lo que hago? ¿sigo hoy como en el día de mis Bodas con Cristo, con las mismas disposiciones de dejarlo TODO por Él? ¿estoy dispuesta a “morir en vida”, para asemejarme más a Cristo?

Pero debo confesar que no me indujo menos a una profunda reflexión, el breve diálogo que tuve con otra religiosa que había acudido a la entrada de la postulante al Carmelo, aunque no la conocía. Esta religiosa hacía poco había celebrado sus 25 años de profesión y muy emocionada me comentó la fuerte impresión que le causó el ver a esa chica sola, sin su familia, en un país extranjero, lejos de su idioma, patria y cultura... que venía a encerrarse tras las rejas de un Carmelo en un país tan lejano y diferente al suyo. Y concluyó su propia reflexión poniéndome otro cuestionamiento a mí: “¿Y usted, hermana... si Dios la llamara a la vida de clausura, entraría?

Con esta frase volvieron a la carga mis planteos: ¿Cuánto lo amo?... ¿cuán dispuesta estoy a seguirlo a donde me quiera llevar, sea donde fuere, y en las condiciones en que Él quiera? E incluso en el momento que Él quiera... aún viviendo en medio de una intensa vida apostólica. En fin... ¿qué le dará más gloria a Dios?... etc.

Otro hecho casi insignificante se podría decir, pero que a mí me ha hecho reflexionar bastante, es algo que me sucedió en otra ocasión, mientras que esperaba a reunir a un grupo de jóvenes con el que habíamos viajado a las Jornadas Mundiales de la Juventud. Un hombre se me acercó y me dijo: “hermana, solo quería agradecerle por su consagración”, y se fue sin darme oportunidad de contestarle nada. Esa frasecita, me dejó la piel de gallina, porque en ese momento me di cuenta de lo mezquina que soy yo en dar gracias a Dios por haberme hecho a esposa de su Hijo y colaboradora Suya en semejante obra como es la redención de los hombres; y por ende me di cuenta de lo poco que había valorado hasta entonces este inmenso don de la vocación religiosa; y a la vez sentí vergüenza de mí misma porque ese hombre que ni conozco ni me conoce valora mi vocación religiosa como lo que es, es decir: no solamente como un don particular hecho a esta persona sino un don hecho por Dios a la Iglesia, y como tal un don hecho por Dios a los hombres mis hermanos; de lo cual se desprende la grave responsabilidad que se sigue de cuidarla y de perfeccionarla por el bien de la Iglesia. Es también una realidad el hecho de que inclusive los demás se ven beneficiados por mi consagración, ya que cuanto más perfecta es un alma consagrada es mayor el poder de intercesión que adquiere ante Dios en beneficio de los hombres sus hermanos.

De una cosa estoy convencida y es que Dios no mira tanto lo que hacemos cuanto las disposiciones que tenemos de corazón al hacer lo que hacemos, ya sea algo ínfimo como algo monumental. De ahí que Santa Teresita exclamara que “no es menos meritorio el martirio del corazón que el derramamiento de sangre”, y ello porque el alma que ofrece en su corazón cada pequeño sacrificio con una actitud martirial (bien entendida), coopera en la obra de la salvación y da tanta gloria a Dios como quien en un instante derrama su sangre por la misma causa que es la Gloria de Dios y salvación de las almas.

Muchas veces, nos pasa que nos acostumbramos a nuestro estilo de vida, y nos olvidamos que a Dios debemos amarlo cada día más, es decir, cada día como si fuera el primero y el último. Nos olvidamos que Dios y las almas esperan de nosotros cada día un poco más, un poco más de virtud, un poco más de amor, un poco más de abnegación, un poco más de entrega... Y nosotros por el contrario a medida que pasan los años y adquirimos “experiencia”, creemos ya haber hecho bastante, o al menos nos sabemos ya “enrolados” en este apostolado o en aquella actividad y hasta tenemos la tentación de pensar que acabarán nuestros días haciendo eso mismo, sin pensar que quizá Dios no nos pida eso mañana.

“Ego semper novitius”, no por nada ese famoso epitafio nos recuerda la necesidad absoluta de mantener siempre vivo nuestro primer fervor, a fin de que el Señor pueda contar hoy con nosotros de la misma manera que lo hizo hace unos años. De modo que estemos dispuestos a enterrarnos vivos, con todo lo que somos y poseemos, al igual que el grano de trigo.

Cuando esa hermana me preguntó qué haría yo... no le contesté... pero... sí, Dios ya me había llamado.

Una Servidora contemplativa.